jueves, 13 de noviembre de 2008

Huella

-La ciudad no es mía, - solo es mío el polvo pegado a mis zapatos. Y las huellas que se dejan al caminar.
Caminar lento hacia un cierto lugar y girar a la izquierda y tomar otro camino y subir la escalera siguiente era
simplemente orgullo.

-Veo la hora y digo: que hora es?,
pienso que es tarde y la miro otra vez.
La razón por la que estoy sentado aquí no es la misma razón por la que estaba escribiendo esto, es algo mucho más diferente a lo que llegué
a sacar por deducción
-Otra vez giré a la izquierda y después a la derecha, es raro no saber donde ir, si no tienes un objetivo, pero como?
Mirando hacia ambos lados, con distinto tiempo y poco de ventaja,
-resbalé!
La caída fue brusca y me golpeo el rostro en un escalón a la entrada del famoso almacén...
Había muchas personas cuando logre despertar del la inconsciencia en la que estaba sometido, parecía una exposición de rostros con expresión, observando e intentando crear con mis ojos un movimiento giratorio reaccioné, reiría en el suelo si alguien me asustaba, aunque toda esa tropa de gente allí reía de mi, y miraban con ojos saltones y bocas abiertas, de momento creí que estaba en el infierno, no había visto jamás expresiones de susto tan de cerca y tantas a la vez, -si si!, - sé que es gracioso, pero por favor
seria un agrado que no rías de la famosa situación.
Una vez
ya normal, lograron levantarme unos niños, entonces retome el objetivo, aunque parecería absurdo decir que la única acción en ese momento era caer.

Caer y levantarse sería el siguiente objetivo y después levantar un poco las piernas y erguirse por completo y estar vertical a las personas y de forma paralela a la gente de alrededor. Pues mi sombrero quedó arriba del suelo y yo también estaba arriba del suelo, de hecho toqué suelo y tocar de nuevo el sombrero
encima del suelo, era una probabilidad matemática que resolví por segundos, y dije: cual seria la probabilidad que al levantar ese sombrero con mi pie no me desequilibre y caiga, y con esta respuesta, dije: que el suelo era directamente proporcional a los pies que están parados en tierra y yo estoy en forma vertical al suelo y el pie al moverlo seria un movimiento horizontal por lo tanto seria una proporcionalidad directa y existía otra posibilidad de un dolor de espalda que no quería repetir. entonces respiré y logre hacerlo, mejoré muchas veces la inercia y la superé con frecuencia.
El cuento es que el sombrero fue recogido por mis pies y no por un dolor de espalda mal calculado, preferí arriesgar otra caída que no fue caída.
El sombrero era negro y la corbata también negra, los pantalones negros también y la camisa blanca, los zapatos entre café y mas café, el color de piel era pálido y los ojos de papel.
Otro día les diré la gracia que tenia la introducción al comienzo de estos pasos.
Buen día gente!

domingo, 9 de noviembre de 2008

anecdota

Contaban en los antiguos bares del pueblo, tres borrachos y uno sobrio, que mientras mas tarde y mas congelada la cerveza les den, mejor era a su salud, merecer ciertos vasos llenos.

Contaban que era muy oscuro y que tenia un bar principal donde iban solo personas con alta situación económica, donde se pagaba en cheques los tragos que deseaban tomar, y existía también otro el que era llamado el bar secundario y deteriorado, pues aquí venían estos tres individuos mas el sobrio, se decía que ellos estaban siempre allí, que nunca dejaban de ir, pues ya eran clientes habituales en este antro de lugar.

Los papeles estaban bien revueltos, los tres borrachos eran oyentes mientras el joven sobrio les contaba historias de su vida, esa vida que había observado por distintos lugares del mundo, les ofrecía charlas tan largas que al salir del bar, estos tres buenos amigos, contaban sus historias en la calle, como si nadie los oyera.

Las historias y pequeñas anécdotas del señor eran buenas, y motivaba tanto a los hombres en tomar y tomar y tomar, que solo les quedaba esa opción que era escuchar.

Lo bueno que nunca se golpeaban pues eran muy unidos entre si, mientras que el señor de las largas frases, solo gustaba de un buen vaso de agua.
Quizá a veces golpeaban un poco el mesón y los vasos como que saltaban un poco o cambiaban de lugar repentinamente, en un rato estaban en el mesón tranquilo, pero medios vacios y de repente con un golpe en el mesón de nuevo estaban en el suelo quebrados ya vacios. Y entonces la distancia y el espacio tiempo que hay entre el golpe-la caída del vaso y el suelo, era algo imposible de detener para estos individuos, pues en ese estado, los movimientos son más lentos y los ojos más despiertos no lo suelen ver.

Era humorístico ver a estos hombres con la atención que miraban al joven señor, el joven señor allí muy apuesto y tranquilo les hacia reír hasta con un dedo, a veces entraban chicas allí y estos miraban con cara de querer hablarles algo, pero como el señor de las mil y una palabras lo decía todo, el las invitaba y solían estar toda la noche conversando cosas agradables y desagradables de la rutina diaria de todos estas personas que se verían ir.

Decían también que el bar nunca cerraba y que las personas siempre cambiaban, el lugar era sucio, pero a estos hombres le satisfacía el solo hecho de tener copas en mano y un buen conversador.

La sola forma de saber valorar las cosas que tienes, significa valorar a ti mismo como eres, no importa el lugar ni la situación ni el contexto donde te encuentres, mientras hagas las cosas con un cierto querer, todo ira bien y verás como la gente sonríe de ti así como tu sonríes de ellos la forma de cómo se ven las cosas de verdad.


Las copas están vacías y el bar se cerró…
Hasta pronto gritarán todos por ahí y Hasta nunca dijeron solo algunos al venir.